A BAILAR
8 October, 2008
por Mónica L. Rivadulla
Quién lo diría, con la que está cayendo. Vamos a bailar con los más pequeños que ya se meten de lleno en la tarea, bailando con sus libros, con sus profes, con sus juegos. Ha comenzado el curso y es hora de apretar los dientes, porque los tiempos que se avecinan exigen una buena preparación. Lo difícil es explicárselo a ellos que, normalmente, no se darán cuenta hasta mucho más tarde. Son tiempos difíciles, de dura competencia, en los que sólo los mejores en las aulas disputarán también los mejores puestos de trabajo del futuro. Aviso pues a los padres, sobre los que cae la durísima responsabilidad de nuestros jóvenes escolares. Y es una lástima que todavía tengamos que esperar por el ansiado instituto de Milladoiro pero, de puro madura, pronto caerá esa breva, porque mejorando las instalaciones también se contribuye a elevar el listón.
Y mientras tanto, a seguir bailando. Los mayores, con la más fea, con esa
puñetera crisis que nos castiga a todos, con esa lagartona que nos tiene pillados por los mismísimos, con la hipoteca, con los precios, con el paro… La madre que la parió. Yo me pregunto qué hemos hecho nosotros para merecer tanta desgracia junta. Por cierto, en páginas interiores publicamos un interesante reportaje sobre el pago de las hipotecas. Ojito los que estén pillados con este tema, porque es mucho lo que está en juego.
Y a bailar también nuestros vecinos de la Benemérita, porque tendrán
que conformarse con las nuevas dependencias que ha puesto a su servicio
el Concello, mientras su nuevo y flamante acuartelamiento en As
Figueiras tendrá que esperar algún tiempo. Dicen que va a ser muy guay y yo pienso que bien se lo merecen estos guardianes del orden.
Todo esto está muy bien, pero no quiero dejar pasar por alto algunos comentarios que me han llegado sobre la entrevista que publicamos en nuestro anterior número con Carlos Fernández. La mayoría, puedo asegurarlo, elogia la actitud del alcalde, por su valentía a la hora de llamar al pan, pan y al vino, vino. Sin embargo, a algunos les han escocido sus palabras. Ellos sabrán por qué. Lo que realmente me molesta es que intenten acusar a esta revista de lo que no es. Desde nuestra
independencia, y no me cansaré de repetirlo, queremos contribuir a hacer comunidad. Y nos estamos dejando la piel en ello, pese a la incomprensión de unos pocos. DA está con todos y para todos, pero somos conscientes de quiénes nos apoyan en esta titánica y casi quijotesca aventura.¿Saben
quiénes son? Pues se lo voy a decir: fundamentalmente nuestro pequeño comercio, nuestros anunciantes, nuestros lectores con sus mensajes de ánimo, y, desde luego, nuestro Concello que, pese a las críticas, ha entendido perfectamente nuestro trabajo. Y poco más, porque aquí, después de tres duros años, nadie más quiere echar una mano. Voy a tener que pedirle al alcalde su flamante escoba de plata para limpiar un poco el patio y dar algún que otro escobazo.
Como pueden comprobar no utilizo doble lenguaje. Como escribió recientemente Juan José Millás en El País, no llamamos daños colaterales a las víctimas, hombre de color al negro, niveles a los precios, métodos de persuasión a la tortura, productor al obrero… No, prefiero las cosas
claritas, porque para eso me la juego en cada número.



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