«Para 2009 quiero cumplir un sueño: ser madre» Sara Baras
4 diciembre, 2008
Sara Pereyra Baras es el nombre de una gaditana -para qué negarlo, salerosaque comenzó a dar sus primeros pasos de baile en la academia de su madre, la señora Concha. Esta mujer menuda que se ha metido en el bolsillo al público de todo el globo no olvida en ningún momento la niña que fue, por eso rindió homenaje a Concha, su madre y maestra, con el espectáculo “Sabores”, cuyo DVD fue disco de oro a los pocos meses de ponerse a la venta. Es, sin duda, una de nuestras bailadoras de flamenco más internacional y reconocida.
¿Qué es lo más importante que le enseñó su madre?
Todo, no sólo fue mi profesora, sino que siempre se ha ocupado de que yo tenga los pies en el suelo y de que lleve esto con la misma ilusión que al principio. El amor por el flamenco me lo enseñó ella. “Sabores” se creó sin que ella lo supiera hasta el estreno. Es un placer llegar a tener la libertad de hacer el montaje que te apetece y dedicárselo a tu madre, la persona que más me ha dado. También me ha enseñado a mantener una actitud positiva y de esfuerzo en esta vida que llevo, que a
veces es muy dura.
Reflexiona sobre su madre. ¿Sara Baras se plantea ser mamá?
(Risas) Sí, totalmente… ¡Se me va a pasar el arroz! Para finales de 2009 haremos un parón en la compañía y a ver si hago realidad una de las ilusiones más grandes de mi vida, ser madre. Ya estamos organizando la agenda para ello. (Su pareja es bailaor y forma parte de la compañía).

Bailando desde pequeña. ¿Lo hace mejor ahora o ha perdido frescura en el camino?
La verdad es que cambia mucho. Cuando eres muy jovencita te llama la atención la velocidad, lo difícil. Cuando pasan los años buscas el peso, la experiencia, la belleza, el silencio, el momento de arte, el olvido de la técnica para dejarte llevar por el corazón. Sinceramente, pienso que bailo mejor ahora que antes, aunque creo que me queda mucho por aprender y mucho por dar. Trabajar con maestros, con gente como Manolo Sanlúcar, es una experiencia; quizá ellos no son del todo conscientes de lo que te están dando.
En “Sabores” no hay un hilo argumental, sino que es una sucesión de palos. ¿En qué palo se siente mejor? ¿Cuál le inspira más?
La riqueza del flamenco está en eso, en que cada palo viene de un lugar, cada uno tiene un color y un sentimiento. En mí ha dependido de la época y del momento, dentro de cada espectáculo ha habido un palo que se ha convertido en el principal. Cuando empecé dijeron que mi fuerte eran las alegrías, quizá porque me tiraba la tierra. Más adelante dijeron que era la seguirilla, a lo mejor porque me tocó bailar con la compañía de El Morao… Algo que me dio mucha satisfacción fue la primera farruca que hice vestida de hombre.
Imagine una situación extrema. Le dan a elegir para expresarse… ¿Se queda con sus piernas o con sus brazos?
Todo el mundo piensa que uno de mis fuertes son mis pies, los he trabajado mucho, pero de alguna manera forman parte de mi naturaleza. En el flamenco, a parte de todo lo que estudias, tienes que nacer con algo. Dios, mi madre o mi tierra me han dado algo especial en los pies, pero, aunque no lo parezca, a mí me gustan más los brazos. Los brazos no se aprenden. Levantar los brazos con peso y sentimiento es dificilísimo. Lo ideal es una buena mezcla.
¿Qué hace falta, según su criterio, para alcanzar una conexión total con el público y levantar a un teatro?
A la gente le convence la verdad. Si llegas a un teatro sin ensayar y dependiendo del factor suerte, es muy arriesgado. Funciona el trabajar con honestidad y saber que te tienes que superar,entregarte, respetar un orden y una limpieza. Aunque no le guste a alguien, se recibe ese esfuerzo. Puede pasar que tengas un mal día, pero el trabajo de la compañía está ahí.
Se cumplen ahora diez años de su compañía. ¿Qué balance hace?
Hay momentos muy especiales, entre ellos “Sabores”, que me han permitido ver a mi madre con una cara de orgullo que se me quedará para toda la vida. Es de lo más bonito que me ha pasado. Hay otros espectáculos que recuerdo por la gran entrega del público, como “Mariana Pineda” o “Juana La Loca”.
¿La seguridad y pasión que le caracterizan en las tablas forman parte de su personalidad o está separada la artista y la persona?
Ojalá fuera mi persona tan valiente como mi baile. En el escenario hay una magia que te convierte en otra persona, aunque antiguamente el artista era artista hasta para ir a comprar el pan. Hoy no es así, yo creo que soy sencilla y normal.
Fotos: Sara Baras







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