Top

Carta a los Reyes Magos

4 diciembre, 2008

Por: Noe Martínez

Andaba inmersa en la duda de si este año debía pedir o no el enésimo par de zapatos de Pura López cuando caí en la cuenta de que, en año de crisis, lo primordial no es ir bien calzada sino bien hipotecada. Así que, con los pies (descalzos) en la tierra, desistí de mi delirio fetichista. No obstante, os participo de primera mano lo que le costó a mi ángel sensato ganarle la batalla a mi ángel travieso. ¿Las Termópilas? Un rifi rafe de patio de colegio, Majestades, no os digo más… Y bien, con la conciencia tranquila y el saquito de los deseos a media asta, me dispongo a hacer una lista de esos otros regalos que también me vendrían bien pero no me hacen ni tanta ilusión. Falta sí, ilusión, lo que se dice ilusión…

Una caldera a prueba de duchas y grifos abiertos al mismo tiempo. Ahora caliente que te da la mala, ahora fría que te mueres, ahora caliente pero poco-poquito, ahora abraso que te despellejo, ahora helada como una granizada de limón… Cuando tomar un baño en casa de una se convierte en una espiral térmica, impera en cambio. Visto el catálogo de Leroy Merlin y al albor del Euribor y su ático abuhardillado, creo que una caldera no sería un mal regalito. Si ya la dejáis instalada y con la cocina limpia, sería para nota pero vosotros a vuestra bola, no os sintáis obligados a nada. A fin de cuentas, que yo os prefiera a Santa Claus no tiene porque suponer carga moral alguna…

Ruedas nuevas para mi Lupo. Lo sé, andar con las ruedas a media asta es un peligro y, dicho sea de paso, una irresponsabilidad pero ¿qué culpa tengo yo de que comprar ruedas sea tan aburrido y tan caro? Pues eso, cuatro rueditas tiene mi carro, cuatro rueditas que me acompañan… Ups! cuatro no, cinco porque la de repuesto la tengo de pena. 175 75 R, para agua y con equilibrado de dirección, porfitas. Y sí, ya sé que para quien no cuida su coche, mejor sería un burro pero si mal no recuerdo están en peligro de extinción. Todo contra una, ¡hay que ver…! 

Una Epilady que no me muerda cada vez que me saque un pelo. Una cosa es que el dichoso electrodoméstico tenga como consigna Pelo que veo, pelo que quito y otra, que confunda mi epidermis con campo de nabos. Sea por viejita, sea por mala fe, el caso es que me tiene las piernas acribilladitas. Melchor, Gaspar, Baltasar, a vosotros me encomiendo para que mis extremidades inferiores dejen de sufrir mutilaciones propias del ataque de una legión de mosquitos tibetanos. Ya lo sé, podría habérmela comprado yo pero no estamos aquí y ahora para empezar el turno de reproches. Es Navidad, caramba, y en Navidad hay que huir de malos rollitos ¿qué no? Siesqueeeeeee… tengo que estar en todo.

Y como dados mis treinta y tres años de experiencia con vosotros sigo creyendo en la magia potagia que destilais por doquier, espero sepáis leer entre líneas y hagáis caso omiso a esta epístola. Decía mi abuela Gloria que contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar así que dejo en vuestras manos que mi cara el día 6 enero sea de ya lo sabía yo o de ¡qué vivan los de Oriente y sus santas señoras que les planchan las capas…! Si seguís comiendo rabitos de pasas como os recomendé un año y vuestra memoria no os falla, no os habréis olvidado de que calzo un 37 y que los zapatitos que me gustaban eran los Peeptoe negros con el tacón forrado en arpillera. ¡Sssshhhh! Es nuestro secreto, nuestro mágico secreto.

Te ha gustado? Compártelo:

Comentarios

¿Tienes algo que comentar?





Bottom