En defensa del pequeño comercio…
4 diciembre, 2008
Por: Mónica L. Rivadulla-Bao
Vuelve la Navidad y, una vez más, abrimos las páginas de esta revista al pequeño comercio, que oferta a grandes y chicos sus mejores regalos de temporada. Reconozco que tengo una especial sensibilidad por mis amigos los tenderos. Y para demostrar lo que digo estoy dispuesta a defenderlos hasta la extenuación. Así de claro, porque me siento mucho más agusto en mi pequeña tienda del barrio que en la gran superficie. Me gustan más su pan, su fruta, sus patatas… y, sobre todo, la humanidad de su trato y el cariño que me muestran esos grandes señores y señoras que están detrás de un mostrador. Son auténticos héroes que las están pasando canutas por la voracidad de los grandes y porque las administraciones hacen más bien poco, o nada, por ayudarles a sobrevivir. Sí, lo están pasando mal, muy mal, y por eso animo a todos mis convecinos a echarles una mano.
¿Qué podemos hacer? Muy fácil: hablar unos con otros y fomentar la bondad de sus servicios. Nuestros tenderos son, de verdad, una especie a proteger, aunque nadie quiera dar la cara por ellos. El día que echen el cierre, que al paso que vamos no tardarán mucho, lo vamos a lamentar todos. Perderemos a unos amigos estupendos, que se interesan por la salud de nuestros hijos, que si es necesario nos fían un poquito (¡poco eh!) y que no nos engañarán nunca… En fin, se me nota mucho que son mis amigos, pero es que realmente son los que más contribuyen a hacer comunidad, evitando que entre tanto pasillo de los grandes centros, terminemos olvidándonos los unos de los otros. Insisto: tenemos que ayudar a estos modestos empresarios que salpican nuestra geografía urbana. Es necesario tomar conciencia, porque para nosotros es más importante que se salven media docena de pequeños comercios que una de las grandes superficies. No deseo el mal a nadie, pero me gusta llamar al pan, pan, y al vino, vino. Además, ¿saben una cosa?, con esta revista los pequeños colaboran y los grandes nos ignoran. Allá ellos…
… y del parque comarcal de bomberos.
Sí, la cosa está/estuvo que arde. Echaba humos el salón de plenos, hasta el punto de que el alcalde tuvo que utilizar manguera, paciencia y la mano «Popular» para sofocar los calores. Creo que, finalmente, se ha tomado la decisión acertada. Es bueno que un servicio como éste se asiente en nuestro territorio, porque nos engrandece a todos. Es muy raro que una numerosa asamblea sea razonable pero, como escribió Ortega y Gasset: “Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo”.
Y en esas creo que estamos, aunque a alguno pueda resultarle espeso entenderlo.
N. de la D. Me gusta contarles mis pequeños secretos, pero hoy les voy a revelar uno muy grande: Le he pedido a los Reyes Magos un niño. ¡Y creo que me lo van a traer! También quiero que a ustedes, mis queridos lectores y anunciantes, ese futuro inmediato que se nos avecina les llene de felicidad y de cositas buenas. Por dos razones: porque se lo merecen y porque estamos hasta el mismísimo gorro de esa zorra a la que llamamos crisis.







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