Top

Niños felices

16 junio, 2009

Por: Joaquín Blix

Cuando el niño llega al mundo,lo hace en pleno funcionamiento. Responde por medio de sus sentidos y de ellos dependerá su supervivencia. Necesita mamar para sobrevivir, requiere abrazos y caricias, y aprende a conocer el mundo por medio de los olores, los sonidos, los sabores, los colores, etc. Al percatarse cada vez más de sus sentidos y su cuerpo, el bebé comienza a diferenciar sus sensaciones, sentimientos y expresiones. Aprende a utilizar el lenguaje como medio para lograr claridad, para expresarse y para conseguir lo que necesita. Al desarrollar su intelecto empieza a manifestar deseos, curiosidades, nensamientos e ideas. Una estimulación adecuada e ininterrumpida repercute en un desarrollo sano del organismo infantil y es la base primordial para el desarrollo del sentimiento de sí mismo.

El proceso mediante el cual un organismo vivo mantiene su equilibrio y por lo tanto su salud, es un procedimiento natural. A través de él, el individuo se mueve hacia su entorno para cubrir sus necesidades tanto fisiológicas como emocionales y afectivas. Los primeros años de vida el niño depende totalmente del adulto. Al crecer desarrolla nuevas habilidades, encuentra formas para comunicar sus necesidades y empieza a cubrir algunas por sí mismo. El modo en que los padres satisfacen sus exigencias y sus deseos afectarán profundamente en la idea y en el valor que el niño va creando acerca de sí mismo, del Yo. Y es a partir de estos momentos cuando absorbe muchos de los mensajes negativos que lo acompañarán a lo largo de su existencia.

Todo niño tiene un fuerte impulso natural hacia la vida y hacia el crecimiento. Busca la aprobación y la validación de su Yo, y va optando por diversas conductas para lograr la satisfacción de sus necesidades. La expresión espontánea es su forma más natural para comunicarse. Es importante ver los factores que le pueden generar futuros problemas de conducta como modos que el niño busca para sobrevivir, para resolver sus necesidades. Es su búsqueda incesante de equilibrio lo que hace que sea tímido, que fantasee, que niegue, que mienta, que pegue, que robe, que grite, que se asuste, que sea dependiente, que se orine, que se muerda las uñas o que enferme.

Los niños son diferentes de los adultos, los cuales luchan por sobrevivir. Los pequeños también pero, además, tienen la necesidad de crecer. Su organismo cambia, madura, se desarrolla.

Muchos de ellos crecen en ambientes negativos y estresantes, algo que les puede empujar a ser candidatos para desarrollar problemas de conducta. Al crecer en entornos violentos, represivos y sin apoyo emocional  tienden a  abandonar sus sentidos, a escontrolar sus músculos, a reprimir o no expresar sus  sentimientos y a apagar su intelecto. Cuando el niño ve que sus sentimientos no son expresados ni aceptados, aprende que no debe llorar, que no debe expresar su enfado, que está mal al tener miedo. Tanto la habilidad del lenguaje como su postura corporal están asociadas a sus sentimientos. Desarrollan un vocabulario limitado y una incapacidad de expresar con amplitud sus sentimientos y necesidades. Este niño aprende que pensar demasiado le mete en problemas, que hay cosas que no se dicen, otras que no se cuestionan, temas de los cuales no se habla, preguntas que no se hacen, opiniones que no se expresan, y como consecuencia empiezan a cerrar su mente, sus sentidos, sus sentimientos, su intelecto y su cuerpo. Entonces las fronteras de contacto con el entorno se vuelven difusas y su sentido de sí mismo, del Yo, se desequilibra.

Generalmente, el niño con problemas de conducta siente profundamente que algo le falta, que es diferente a los demás. Se siente solo, y en consecuencia que algo en él está mal. Se culpa a sí mismo, no se siente merecedor de atención y afecto e imagina que es malo, que ha hecho algo equivocado, que no es suficientemente inteligente o apto. Por el contrario, cuando un niño tiene un fuerte sentido sí mismo, de su Yo, desarrolla naturalmente la
capacidad de apoyarse en él mismo, de confiar en su organismo, de reconocer sus necesidades, de estar presente y lograr el contacto con los demás de manera afectuosa y positiva.

Cuando un pequeño manifiesta comportamientos negativos, agresivos o evasivos, es muy importante que los reconozcamos como las manifestaciones de un organismo en busca del equilibrio perdido. Cuando el niño acepta y experimenta todos los aspectos de sí mismo sin juicios, crece feliz y saludable.

Te ha gustado? Compártelo:

Comentarios

¿Tienes algo que comentar?





Bottom