Maribel Verdú está en racha
3 August, 2009

Por: Concepción G. Benito
Para alguien como Maribel, que cree firmemente que, en su profesión, todo va por rachas, debe resultar indudable que ahora le ha llegado una buena, buenísima. El pasado año alcanzó, por fin, el ansiado Goya, para el que había estado nominada cinco veces. Su última película, Tetro, rodada a las órdenes de Francis Ford Coppola, uno de los grandes. Fue él quien la buscó para ofrecerle un papel complicado y difícil en el que ella se ha volcado, como siempre. Su éxito teatral por toda España con la obra «Un Dios salvaje», en compañía de su buena amiga Aytana Sánchez Gijón. Y, por último, el Premio Nacional de Cinematografía. Eso sí es una buena racha.
Si algo caracteriza a Maribel Verdú –madrileña, guapa y estupenda actriz- es su cercanía. A punto de cumplir los 30 años y con una carrera profesional en cine, teatro y televisión, iniciada hace ya 17 años, es una de las grandes actrices españolas. Admirada por público y crítica, considerada una de las mujeres más atractivas, ha sido capaz de mantener su forma de vida propia, personal, sencilla y cercana a todos.
Recientemente, en una entrevista publicada en El País Semanal y realizada por Elvira Lindo, la entrevistadora reflejaba perfectamente esta peculiaridad. Comentaba que, muy a menudo, se encontraba con Maribel en la calle, callejeando sin más. La actriz reconoce que le apasiona patear las calles, comer y cenar fuera de casa, ver cosas. Esa forma de ser refleja su carácter abierto, próximo a todos. También su sonrisa, prácticamente eterna. Todos sus compañeros, actores, directores, guionistas, coinciden en señalar que la sonrisa de Maribel ilumina el plató, porque es sincera y espontánea.
Ella misma ha reconocido que esa forma de actuar desinhibida, directa y cariñosa no es bien entendida por todos, aunque en España resulte adorable. Durante el rodaje de su última película, Tetro, en Buenos Aires, a las órdenes de Coppola, ella entraba en el estudio saludando y besando a casi todos. No en vano,muchos de los técnicos, argentinos, eran amigos o conocidos suyos desde hace tiempo, pues Maribel adora Buenos Aires y ha trabajado allí muchas veces. Al parecer, los norteamericanos no entendían nada: ¿por qué reparte besos, por qué sonríe siempre? Diferencia de caracteres, claro.
Este choque cultural y de costumbres es el que hace afirmar a Maribel Verdú «yo no me veo en Hollywood. Allí no podría vivir, no es lo mío». «Me gusta pasear, entrar y salir. Yo tengo que ir a mis jutecos, a comprar cosillas para estar guapa». Y es cierto, la sofisticación no es lo suyo. Aunque los mejores modistos y diseñadores se peguen, literalmente, porque ella lleve sus creaciones. Lo hace con un estilo natural, fresco y espontáneo, alejado de esa absurda moda denominada glamour.
Maribel es tal y como la vemos y la percibimos. Pese a ser una gran actriz, es incapaz de posar para la galería, aunque tenga que hacerlo si el guión lo exige. Se nos muestra tan espontánea y alejada de la sofisticación como realmente es. Buena prueba de ello es su vida personal. Tan sólo sabemos que está casada desde hace 10 años con Pedro Larrañaga, productor, hijo de los actores Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo y hermano de los también actores Amparo Larrañaga y Luis Merlo. Ni empalagosos reportajes familiares, ni vacaciones paradisíacas, ni amenazas de ruptura o reconciliación:
nada de nada. Una vida privada que es lo que tiene que ser, privada.
Una larga trayectoria
Pese a su juventud, Maribel es una curtida veterana en el mundo de la interpretación. Su primer papel en televisión se lo ofreció Vicente Aranda en El crimen del capitán Sánchez, cuando apenas tenía 13 años. El director siempre ha confesado
que, ya entonces, «la cámara se enamoraba de ella». Basta con haberla visto interpretar para saber que no es esa su única virtud: tiene, además, la capacidad, de meterse en la piel de cualquier personaje y hacerlo de forma creíble y natural.
A lo largo de estos diecisiete años ha intervenido en cine, teatro y televisión. Ha rodado cincuenta películas, ha interpretado siete obras de teatro y ha intervenido, también, en televisión. Con tan sólo dieciséis años resultó un agradable descubrimiento cinematográfico, gracias a su difícil papel en 27 horas, de Montxo Armendáriz, donde interpretaba a una drogadicta. Para ella, su madurez interpretativa surge a partir de Amantes (1991), uno de los iconos del reciente cine
español, dirigida por Vicente Aranda.
Ha rodado con los mejores directores españoles: Eloy de la Iglesia, Fernando Trueba, José Luis Garci, Bigas Luna, Emilio Martínez-Lázaro, Carlos Saura, Gonzalo Suárez y los ya mencionados Armendáriz y Vicente Aranda, entre otros. También ha trabajado a las órdenes de prestigiosos directores extranjeros, como Alfonso Cuarón – Y tu mamá también- y Guillermo del Toro, director de El laberinto del fauno, donde la actriz prácticamente «se salía» en su maravillosa, delicada y
desgarrada interpretación.
Siempre candidata
Si algo ha venido caracterizando a Maribel Verdú en los últimos diez o quince años, ha sido su permanente candidatura a los más prestigiosos galardones cinematográficos españoles y europeos.Desde 1991 ha sido seis veces candidata al Goya a la mejor interpretación femenina protagonista y, en todos los casos, de forma merecidísima, pues se trata de los papeles interpretados en Amantes (1991), La Celestina (1996), La buena estrella (1997), El laberinto del Fauno (2006), Siete mesas de billar francés (2007) y Los girasoles ciegos (2008). Tras las tres últimas nominaciones consecutivas, tuvo que esperar hasta el pasado año, para recibir el galardón de la Academia, por su interpretación en Siete mesas de billar francés.
Además de este Goya, posee el Ariel mexicano por El laberinto del fauno, dos Fotogramas de Plata, uno como actriz de cine por Los girasoles ciegos, y otro como actriz de televisión por la serie Canguros, además de once nominaciones, y dos premios Ondas, además de un sinfín de nominaciones y premios importantes.
La buena racha
Pero ha sido en estos dos últimos años, cuando los premios más prestigiosos le han sido concedidos. En 2008 recibió la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, convirtiéndose en la persona más joven que recibe este reconocimiento.
El 30 de junio pasado, le fue concedido el Premio Nacional de Cinematografía, otorgado por el Ministerio de Cultura y que habrá de recoger, como es tradicional, durante la celebración del Festival de Cine de San Sebastián. El galardón fue otorgado por unanimidad y el jurado lo justificó «por su excelente trayectoria profesional y su apasionado compromiso con el cine español e iberoamericano, brillantemente reflejado en su trabajo del año 2008».
Ciertamente así es. La actriz triunfó el pasado año, y lo sigue haciendo ahora, con la obra de teatro Un dios salvaje, rodó a las órdenes de Francis Ford Coppola la película Tetro y estrenó otras dos películas: Gente de mala calidad y Los girasoles ciegos, por cuyas interpretaciones optó a diversos premios. Además de tener que practicar –y mucho- el inglés –«yo sólo sabía lo que había aprendido en el colegio»- para rodar con Coppola, todavía le quedó tiempo para recibir la Medalla de Oro de la Academia y, sobre todo, para seguir viviendo su vida y disfrutando de ella.
Cuando le comunicaron que se le había concedido el Premio Nacional de Cinematografía, dijo que no se lo podía creer. Lo aceptó y se lo dedicó, a bote pronto, como hace siempre, «a toda la gente del cine que ha confiado en mí durante estos años y a todos los magníficos actores y actrices que me han dado réplica en mis películas». Así es Maribel, espontánea, sencilla y querida por todos.



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