Top

Seguridad ciudadana

7 octubre, 2009

 Por: Francisco Cantalapiedra

Aprovechando que estos días se conmemora el comienzo, hace 70 años, de la II Guerra Mundial, me dio por recordar que cuando en España el servicio militar era obligatorio, muchos chavales de mi barrio lo aprovecharon para sacarse el carné de conducir manejando aquellos ‘jeeps’ procedentes de ese conflicto que fue una carnicería. Y que no podían desfilar delante de Franco porque era más rápida la guardia mora a caballo que los vehículos motorizados que se usaban. Otros colegas míos aprovechaban la mili para aprender a leer, que parece que no y también ayuda en la vida. Bueno; pues yo pienso que ahora tendría que ser obligatorio que todos saliéramos de vez en cuando a quitarnos la polilla por ahí, incluso dándonos la posibilidad de elegir el sitio donde hemos decidido dejar la boina, esa prenda de vestir negra que algunos llevan encima y otros dentro de la cabeza. Ya sé que viajar es caro, pero estoy convencido de que es una de las mejores inversiones que podemos hacer en nosotros mismos y, además, tampoco es imprescindible marcharse a países remotos para descubrir que hay más mundos que este que nos rodea. Mi santa madre siempre me hablaba de uno de su pueblo, «que sólo había visto el mundo por un agujero y el agujero estaba tapado». Así que quítense la venda todos aquéllos que piensan que el mundo que ven por el agujero es el mejor de los posibles, aunque tengan la seguridad de que el agujero esté destapado.

Cíclicamente medios informativos y personal político hablan de la inseguridad ciudadana, que no niego que haya empeorado bastante en algunas grandes ciudades, pero que no es, en absoluto, un caso general. Igual ustedes piensan que soy un inconsciente si les digo que paseo por cualquier calle, por cualquier barrio de mi ciudad, a casi cualquier hora y siempre sin miedo. En todos los años que tengo, y ya va para casi 100, jamás me han atracado, asaltado, robado o provocado más de lo que puede provocarte un conductor gilipuertas al que acabas de quitar el sitio donde pensaba aparcar su coche. Es más, tengo tanta suerte que la única vez que sacaron la cartera del bolso que llevaba al hombro una colega mía con la que caminaba por la calle fue en Madrid, a plena luz del día y en la Puerta del Sol. Y fue tan hábil el mangante, que daban ganas de meterle en nómina.

Lamento no poder decir lo mismo de la mayoría de países en donde he estado alguna vez en mi vida, donde incluso en ciudades tan cultas y cosmopolitas como París he sentido un cierto canguelo caminando a las diez de la noche. Cuando estoy fuera, para comparar cómo se vive allí y cómo en mi ciudad, llego al hotel y me conecto a Internet para ver cómo van las cosas en mi pueblo, y disfruto como nunca sabiendo que Fulanito de Tal igual repite como presidente de las Cortes, que Zutanito de Cuál tiene sus años contados como procurador o que el alcalde de mi pueblo prepara su equipo de gobierno hasta que venga la oposición a ponernos los tranvías. Como dijo Teresita de Lissieux, en las églogas matritenses de Mesonero Romanos: ¡qué aburrimiento!

Te ha gustado? Compártelo:

Comentarios

¿Tienes algo que comentar?





Bottom