Top

Aprender a comunicarse

2 December, 2009

Por: Sebi Coma
PSICÓLOGO

Cuando un ser viene a este mundo nace con unos rasgos de carácter esenciales que le definen, con unas tendencias naturales producto de su carga genética, que marcan su forma de comunicarse con el mundo, de enfrentarse a él. Sin embargo su mente está vacía, es sólo un receptáculo que con el tiempo se irá llenando de contenidos. Haciendo un paralelismo simplista podríamos decir que nacemos con un hardware y un sistema operativo, y que nuestra mente es el disco duro en el que se instalarán los distintos programas que usaremos para  desarrollar distintas tareas a lo largo de nuestra existencia.

Esos programas irán determinando nuestra forma de caminar por la vida. Los primeros planteamientos los instalarán nuestros padres, después serán los maestros, los amigos… A
medida que nos vayamos haciendo mayores nosotros mismos generaremos nuevos en función de nuestra propia experiencia. Esos programas van a constituir pautas de comportamiento, a las que llamaremos personalidad, con las que nos iremos identificando con el tiempo.

Sin embargo, no todos funcionan debidamente. Algunos están mal construidos, otros no sirven para la función para la que fueron diseñados, otros contienen virus. Y ahí empiezan
los obstáculos. Nuestra forma de comunicarnos con el entorno empieza a no ser fluida ni armoniosa. Surgen problemas de adaptación en determinadas circunstancias. Algo no encaja. Y empezamos a sentirnos mal, puesto que no somos máquinas, somos seres vivos, con sentimientos, emociones. Y nos sobreviene la tristeza, la ansiedad, la rabia, la impotencia…

La buena noticia es que todo tiene solución. Los virus se pueden borrar, los conductas erróneas se pueden sustituir por otras más adecuadas, se pueden instalar programas nuevos para nuevas funciones. Prácticamente todo se puede cambiar porque casi todos esos programas con los que nos hemos identificado no son nuestros  en realidad, son adquiridos. Lo único nuestro son esos rasgos esenciales, ese hardware. El resto, la personalidad, son cambiables.

La dificultad estriba en distinguir unos de otros, en saber lo que hay que cambiar y cómo hacerlo. «Dios, dame coraje para cambiar las cosas que debo cambiar, dame serenidad para aceptar las que no puedo cambiar, y dame sabiduría para distinguir entre ambas». Algunas veces esta plegaria es atendida y podemos solucionar los contratiempos con relativa  facilidad por nosotros mismos. Pero si persisten, es momento de acudir al profesional que se supone que tiene esa sabiduría -el técnico informático en el caso de los ordenadores y el  psicólogo en el caso de las personas- antes de que adquieran mayor gravedad.

Dicen que una vez hubo unas inundaciones y un señor con mucha fe y muy obstinado que se hallaba rodeado de agua en el tejado de su casa sin saber nadar, rechazó tres veces una lancha salvavidas aduciendo que él era una persona de mucha fe y tenía toda la confianza en que Dios le salvaría. Finalmente el agua le llegó al cuello y murió ahogado. Al llegar al
cielo se quejó airadamente a Dios de que le dejara morir. A lo que Dios le respondió: «hijo mío ¿qué más querías que hiciera? te mandé tres lanchas salvavidas y rechazaste las tres».

Comentarios

¿Tienes algo que comentar?





Bottom