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Bolsas de basura

4 junio, 2010

Por: Francisco Cantalapiedra

Ahora que estamos en plena fiebre de la Declaración de la Renta, afirmo que el hambre y la necesidad agudizan el ingenio desde el “Lazarillo de Tormes”, un personaje que timaba a su ciego por un trozo de queso y que se ganó la simpatía del público, que le calificaba como “pícaro” y no como “chorizo”. Es quizás eso lo que ha impulsado a algunos gallegos a confundir el fisco con el ciego y a ellos mismos con el niño desvalido del Lazarillo. Con la diferencia de que aquí, lo que los pícaros guardan bajo el colchón, lo pagamos todos religiosamente.

El último estudio de los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda ha revelado que el dinero negro se eleva a casi el 24%, muy especialmente cuando toca pagar el IVA o el Impuesto de Sociedades. El informe indica que, así calculando euro arriba euro abajo, cada gallego (y cada español) han ocultado a Hacienda casi 6000 euros anuales. A mí, que soy persona solidaria, siempre me gustó esto de repartir la carga entre todos, pero poniéndome con la calculadora y haciendo un ejercicio de sinceridad, no me salen las cuentas. Tengo la impresión de que de todos esos pícaros potenciales son legión los que no han visto esa cantidad ni en dinero negro, ni en dinero blanco. A mi suegra, sin ir más lejos, la veo escondiendo muchas cosas por casa, pero tal cantidad de parné es imposible. Por lo tanto, tras hacer mi propio estudio concluyo que los chorizos no somos todos, así que aunque queramos defraudar lo tenemos crudo.

Hasta hace unos años pensaba que la economía sumergida era el dinero que ganaba el francés Costeau cuando bajaba a ver tiburones, o al que guardaba aquel señor mayor en el suelo de la cocina y que se ganó el asedio de sus vecinos en la película “La Comunidad”, o en todo caso me sonaba más a película de gángsters donde se guarda la pasta dentro de bolsas de basura. Pero tras conocer el informe de Hacienda, y dado el alto porcentaje de ladrones que hay entre nosotros, creo que voy a empezar a hacer una ronda por los contenedores de mi calle, no vaya a ser que algún vecino despistado haya tirado la bolsa que no era.

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