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Carta de un amigo

4 junio, 2010

Querida Mónica:

He leído tu carta, publicada en el número anterior de tu revista y que, por cierto, me ha gustado mucho. Tengo, como te he comentado por teléfono, una sensación agridulce. Me explico: me ha gustado tu sentido de la realidad y tus inmensas ganas de luchar contra la adversidad. Bien. Sin embargo, he encontrado un poso de amargura en las líneas que con tanto cariño me has dedicado. Pero las cosas son como son que dice un amigo común. Que se jodan los agoreros, porque tú y tu hermana Lucía sois capaces de comeros el mundo. Faltaría más. Es evidente que habéis iniciado una aventura en tiempos difíciles, que es donde se conoce a las personas corajudas y con ganas de asomarse al futuro.

 Me sorprende, relativamente claro, que los que más pueden os den con la puerta en las narices. Nada nuevo, porque desprecian la comunicación. Pero ya sabes, leña al mono, que torres más altas se vinieron abajo y más de uno va a tener que comerse con patatas locales comerciales, viviendas y lofts. Yo, desde luego, no me compraría nada al lado de una gasolinera que jamás deberían haber autorizado en ese lugar. ¡Con el espacio que sobra al Sur de Santiago! Y de mi Xunta, qué te voy a decir qué no sepas. Se acordarán de vosotras cuando se escuche ruido de urnas, pero entonces a lo peor es demasiado tarde.

Dicen, la frase tiene muchos padres, que el que resiste gana. Quizás sea verdad. Ya me has dicho que vuestras baterías están suficientemente bajas.  Lo entiendo, pero no tiréis la toalla. De ninguna manera, seguid confiando en los pequeños, en los que siempre os han ayudado. Defended a ese pequeño comercio y a esa asociación de empresarios que, según me cuentas, tanto os quieren. Ellos y esos pequeños pero selectos profesionales independientes son buena compañía. Te prometo, como amigo, que voy a seguir muy de cerca vuestros pasos y que estoy dispuesto a colaborar desinteresadamente en la revista, como repartidor o como agente comercial en mis ratos libres. No podéis dejar caer este maravilloso juguete de papel.

Puedes hacer el uso que quieras de esta carta, porque ya estoy hasta los cataplines de tanto mediocre que no quiere que florezcan las ideas, que les aterra la crítica sobre todas las cosas y que miran por encima del hombro cualquier nuevo proyecto. ¡Que se vayan al carajo! Seguramente prefieren que se lo lleve Zapatero, ahora que ha abierto la veda de los ricos. Está demostrado históricamente que este papel, el de los que rellenáis los periodistas, nunca les gustó a los poderosos.¿Por qué será? Tú, los lectores y yo lo sabemos bien. En fin, empiezo a acalorarme y creo que es mejor dejarlo, pero si lo consideras oportuno, puedo colaborar en próximos números. Con la admiración y el cariño de siempre…

(Si decides publicarla te ruego que únicamente pongas mis iniciales J.A.S. Sobran las explicaciones, porque en la Xunta pueden pelarme)

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