Cómo está el patio
4 junio, 2010
Jodido, para que vamos a negarlo. Pero no se preocupen porque en esta ocasión no pienso darles la barrila con la negritud de este patio nuestro, en el que se acumulan miserias y problemas. Es preferible seguir aquél proverbio chino que asegura que el sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él. Pues eso, a correr, a poner en marcha la imaginación y a reforzar nuestras dosis de optimismo, que buena falta nos hace. De momento intento sobreponerme a la descomunal empanada de problemas que tengo delante de mis narices. Por cierto, ¿conoce alguno de ustedes algo que marche aceptablemente bien? Pero al mal tiempo, buena cara, porque de lo contrario puede ocurrir que los que presumen de ser amigos se alegren de nuestras miserias. Suele ser lo habitual.
Pues va a ser que no, que dicen ahora los más jóvenes. Servidor, para iniciarse en esta escalada al paraíso, estudia la posibilidad de lanzar una campaña a favor del Gran ZP. Como lo leen, porque ya que no le van a conceder el Nobel, ni el Príncipe de Asturias me temo, espero que el Vaticano pueda beatificarle. Unir a los españoles, en uno u otro sentido, es todo un milagro. La cosa no es para menos, porque este leonés, nacido en Valladolid, ha conseguido que bajen los precios de los pisos, que los coches cuesten menos que hace dos años, que el caviar, que lo he oído hoy mismo en la radio, cueste la mitad que el año pasado, que los hoteles hayan abaratado sus precios…¿Les parece poco milagro? Además no conozco a nadie que sea tan duramente crucificado, un día sí y otro también. Es, indudablemente, un mártir de nuestro tiempo del que se recitan sin parar infinidad de jaculatorias, breves y fervorosas, recordándole a su parentela. Hay que ser de una madera muy especial para soportar todo esto. Y el padre de la Alianza de las Civilizaciones tiene todas éstas virtudes y muchas más. Espero que no me resulte demasiado difícil conseguir veinte millones de firmas, por lo menos, apoyando mi propuesta para enviarlas a la Santa Sede.
Pero quién ha dicho miedo. Ciertamente no hay un duro (euro quiero decir), que me lo digan a mi, por eso ahora me consuela leer los diarios deportivos. Qué maravilla. La pasta corre, ajena a las penurias de los demás. Millones y más millones para los insaciables jovencitos que galopan en calzoncillos detrás de un balón. Son dos mundos que, por muy absurdo que parezca, conviven en paz y felicidad. Ningún socio del Atlético de Madrid, por ejemplo, cambiaría su reciente título europeo por nadadel mundo. La diferencia es que mientras unos pagamos voluntariamente para verlos en el campo, el otro, sin pedir permiso, nos clava con nuevos impuestos. Esta es la gran diferencia.
Preferimos alimentarnos de éxitos ajenos y adorar a estos nuevos dioses. La gran diferencia estriba en la interpretación de los hechos. La otra tarde, sin ir más lejos, escuché la siguiente conversación entre dos maduritos.
-Oye Manolo, dice uno, que dice el ZP que va a congelar las pensiones…
-Bueno, responde el otro, pues tendremos que hacerlo en el coche.
Evidentemente, a grandes males, grandes remedios y que Dios nos pille confesados. Y, mientras tanto, Zapatero ora pro nobis. Amen.







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