Normas y límites para los pequeños de la casa
29 julio, 2010
Doctor en Psicología
El aprendizaje de los límites ha de empezar desde que los niños nacen. Los padres tenemos la obligación de enseñarles a seguir unas órdenes, de ponerles los límites adecuados, de ayudarles a expresar emociones y de manifestarles las nuestras, de decirles que no, de no acceder a chantajes ni rabietas, y de ayudarles a ser emocionalmente más inteligentes.
Los límites que se les vayan marcando les van a ir proporcionando seguridad para enfrentarse al mundo, y las normas que cada familia tiene reportarán la organización necesaria para que la convivencia funcione.A través de estas normas enseñaremos a nuestro pequeño qué está permitido y qué está prohibido, y para eso es imprescindible decirle “no” y mantenerlo siempre que sea necesario. Con frecuencia los padres nos quejamos de que los hijos no nos obedecen, y si lo hacen es a base de repetírselo mil veces. Muchas veces el fallo está en que no recibe el mensaje claro sobre lo que queremos que haga.
Los adultos tenemos que mostrarnos seguros de las estrategias que empleamos. Es importante, por tanto, estar absolutamente convencidos de que el niño tiene que cumplir lo que le pedimos, además de tener pensado de ante mano que haremos en caso de que no obedezca y por supuesto, convencidos de que cumpliremos las consecuencias sin titubeos.
Los tres primeros años son fundamentales para el aprendizaje de los límites, ya que en ellos asentaremos las bases educativas futuras. Antes del año el niño, aunque no entiende lo que se le dice, atiende al tono de voz y reacciona ante él. Por lo que comprende un “no” rotundo.
A partir de los doce meses empieza a explorar todo lo que le rodea, y es en ese momento cuando los padres marcamos los primeros límites: “Eso no se toca”, “ahí no”… A partir de los 18, el niño ya empieza a ser capaz de atender a órdenes bastante concretas, como “recoge”, ”busca”, ”cierra”… Mantenerse muy firme en esta etapa es fundamental para afrontar con éxito el siguiente ciclo, el de las rabietas de los dos a los tres años. Hay que intentar no generar contradictorios, especialmente el de culpabilidad por verles poco y que nos empuja a dejarles hacer lo que quieren. ¡Para un rato que estoy con él!
Educar es esforzarse en desarrollar personalidades seguras. Con una buena interiorización de lo que está bien y lo que está mal a partir de referentes sólidos, claros, firmes y coherentes, entenderemos que lo que no invirtamos en normas para los pequeños se convertirá en graves obstáculos para los mayores.







Comentarios
¿Tienes algo que comentar?