Vendo piso
octubre 31, 2011
Perder la virginidad
octubre 31, 2011
Periodista y escritor
Concurso municipal
junio 17, 2011
Que la crisis iba a ser gorda lo dábamos por sentado. En poco tiempo nos hemos acostumbrado a escuchar los estragos de esta hecatombe que afecta a casi todos los sectores, menos a los que se están forrando (que los hay) a costa de los menesterosos. De tanto oír las empresas que tienen dificultades, que se fusionan agarrándose a un clavo ardiendo o que se van directamente al carajo, hemos empezado a no calibrar la gravedad que requiere tener amigos o vecinos que están en el paro, o cuyos salarios han sido recortados, o que tiemblan por su futuro laboral. Hubo un momento en el que nadie pensaba que se podía caer más bajo, y todos nosotros, en un alarde de fe ciega, confiábamos en que cuando la cosa estuviera en el fondo la única opción sería volver a subir. Pero nos equivocábamos.
Ahora tenemos noticia de un nuevo agujero provocado por la quiebra que está empezando a afectar a los Ayuntamientos. Muchos de aquellos trabajadores municipales que creían encontrarse más o menos a salvo trabajando en la Administración (algo tan etéreo y engañoso como el sueño americano), se dan de morros contra la crisis en su aspecto más negro. Aunque me parezca mentira que un Ayuntamiento deje de aforar las nóminas que pagamos a escote entre todos, lo cierto es que la gran mayoría hace tiempo que lo practican, en consonancia con la ola de fervor ahorrativo que recorre España y que nos afecta a todos, menos a los que cobran mucho, políticos incluidos.
Pero más alarmante resulta el dato de que 400 municip ios españoles ya no tengan ni para pagar la luz o el teléfono. Y aunque nunca fui muy ducho en las matemáticas, si a mí no me bajan los impuestos no entiendo por qué dejan de pagar a otros con un dinero que los demás seguimos religiosamente ingresando en las arcas municipales vía multas, impuestos, tasas, gravámenes y demás familia. Llegados a este punto, será mejor no preguntarse de dónde sacan la pasta los consistorios para promocionar eventos y jolgorios tipo conciertos de estrellas de la canción, festivales de teatro o torneos de pádel. Unos actos que se dirigen al entretenimiento del ciudadano de a pie, pero que sinceramente también se prestan a emplearse mejor metiendo la tijera sin que al Ayuntamiento le tiemble el pulso ni a nosotros se nos caigan los anillos por no ver en el escenario a la Mistinguett.
En fin, si Dios padre no lo remedia, dentro de poco algunos ayuntamientos entrarán en quiebra. Lo más gracioso es que ahora, a esta figura tan española de la suspensión de pagos, se la conoce como «concurso». En mis tiempos, concurso, lo que se dice concurso, era otra cosa, lo echaban por la tele y lo presentaban gente tan isueña como Mayra Gómez Kemp o Kiko Ledgard.
Por: Francisco CantalapiedraPeriodista y escritor
Historias viejas para tiempos nuevos
junio 17, 2011
Recuerdo aquellos años cincuenta en A Coruña. Mis padres regentaban un pequeño comercio de ultramarinos, que no era otra cosa que una tienda de comestibles. Allí, detrás de un mostrador, aprendí lecciones que me han resultado muy útiles en mi aventura vital. Allí, y en aquéllos tiempos, ví de cerca los ojos de los que más necesitaban, que era la mayoría. Cincuenta gramos de café, cien gramos de azúcar, medio cuartillo de vino peleón….Y así. Por si fuera poco el verbo fiar era el más conjugado por aquella época. Había calor, cariño y generosas dosis de compresión, como lo demuestran aquellas libretas, con pastas de hule negro, en la que se inscribían los morosos de turno. Por cierto, un buen número de ellos, «inmortalizados» para la eternidad.
Los tenderos, que así eran conocidos, fueron protagonistas de aquellos tiempos difíciles. Ellos, a la chita callando, contribuyeron de forma decisiva a levantar la maltrecha economía de una época en la que únicamente existían las pesetas y la buena fe de unas gentes que la modernidad se ha ido tragando despiadadamente. Me reconforta comprobar que en nuestros pueblos –incluso en nuestro Milladoiro y en nuestro Bertamiránstodavía permanecen en pié algunos, cada vez menos, de estos maltrechos negocios en los que el apetito consumista se sacia con menor desembolso. Para ellos, mi respeto y mi estímulo, para que no desfallezcan en este difícil trance. Ellos, que han sido todo un ejemplo, pueden ahora seguir dando lecciones de economía doméstica y de supervivencia. Ellos, además, son el mejor termómetro del estado de la situación en su entorno. Ni Centro de Investigaciones Sociológicas, ni farrapos de gaita. Qué sabrán de los males de las familias. A quién puede extrañarle que nuestros políticos sean los peor valorados por los españoles.
Han pasado muchos años, hablo por mi mismo, y recuerdo con nostalgia los días que compartía mis estudios de bachillerato con los juegos y con la atención a los clientes cuando la ocasión lo requería. Entonces escuchaba cómo las gentes hablaban de las pequeñas cosas domésticas. Pero los tiempos han cambiado y un tsunami político nos invade de tal forma que nos tiene a todos atontados. La tele, los periódicos, las emisoras, los «indignaos»… no hay otro tema. Y por si fuera poco nos queda el fútbol como gran consuelo patrio. Así, la verdad, no hay quien viva. Nos han anestesiado y ahora encontramos muchas dificultades para abandonar el laberinto.
Estos días he leído, con poco más de una hora es suficiente, la obra (menor en páginas y gigante en difusión) de Stéphane Hessel. Tiene el mérito de lanzar un alegato a favor de la insurrección pacífica de la juventud: «Mirad a vuestro alrededor -diceencontraréis los hechos que lo justifiquen, situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte». Lo dice un señor de 93 años, que siempre ha dado la cara y que hizo de la defensa de los Derechos Humanos su razón de ser. La lectura de «¡Indignaos!», así se llama su obra, me ha recordado el «Manifiesto contra la muerte del espíritu», que lanzó hace nueve años el escritor colombiano y Premio Cervantes, Álvaro Mutís. Me impresionó y me sigue impresionando un texto que hoy abrazan millares, tal vez millones, de ciudadanos de todo el mundo. Un Manifiesto que no pretende denunciar políticas gubernamentales… «que se alza contra algo mucho más hondo… contra la profunda pérdida de sentido que conmueve a la sociedad contemporánea». Hessel y Mutis, prácticamente, hablaban de lo mismo. Y todo esto, no sé si sabré hacérselo llegar, es lo que pretendía contarles.
Por: Félix LázaroPeriodista
Busco trabajo
abril 19, 2011
Reconozco que ya soy un poco carrozón, un dinosaurio para algunos. Pero no importa, tengo fuerzas, tengo ideas, tengo experiencia… Y un curriculum profesional como para sacar pecho. Bueno, pues resulta que no sirve para nada. Lo intento, pero como mucho unas buenas palabras y un “abuelito dedícate a descansar, que lo tienes bien ganado”. Sin embargo, tengo más fe que una locomotora Musel de los cuarenta. El cuerpo me pide “más madera” y he recurrido a mis viejos y poderosos amigos que todavía sientan culo en coche oficial. “Imposible”, me dicen. Unos y otros han llenado las nóminas oficiales y las empresas públicas también han echado el cerrojo.
Hace algunas semanas lo intenté en el mercado de toda la vida. Pensaba que, como buen cliente, alguno de mis antiguos proveedores podría echarme una mano. Pues tampoco. Que si carné de manipulador de alimentos, que si seguridad social, imposible…Menos mal que uno es inasequible al desaliento, porque todo hacía prever que doña Depre estaba dispuesta a acompañarme por un tiempo. Tengo en circulación, sin exagerar, varios centenares de historiales profesionales (suficientemente engordados), pero ni con ésas. Lo más que he conseguido hasta la fecha son dos ofertas que he rechazado. La primera como “maquillador de fiambres”. Una empresa de trabajo temporal, que solicitaba personal no cualificado para trabajo sin riesgo y bien remunerado, me propuso un contrato con incorporación inmediata. Para allá que me fui, pero a punto estuve de ser yo el sujeto maquillado, tras sufrir un soponcio indescriptible. Al regresar a casa, la parienta no comprendió las razones de mi renuncia, porque “se trataba de un trabajo que requería poco esfuerzo físico” ¡Qué jodía!.
La segunda negativa se la dí a una señorona bien de Santiago que pretendía que ejerciera de “señorito de compañía” de ella misma. Buscaba varón apuesto y con buena conversación. En principio me pareció una buena oportunidad y, aunque los honorarios no eran nada del otro mundo, ofrecía buenas propinas por “trabajos especiales”. Me puse a la tarea. El primer día la recogí en su portal sobre las nueve de la mañana (que no son horas) y la acompañé a una parroquia cercana. Media hora de confesión, un cuarto de penitencia y a la calle.
-Y usted, señor, ¿no se confiesa nunca?.
Le conté mi vida y le dije que ya no estaba en edad de pecar. Intentó indagar más sobre mi vida privada y me fui escurriendo hábilmente. Decidí tomarme aquello como un juego y reinventar mi vida sobre la marcha. Y así, Franco arriba, Rúa del Villar abajo, iban pasando los días. La señora, en adelante doña Engracia, ya había superado los ochenta y presumía de haber dado “materile” a dos maridos. Todas las tardes, a la hora del té, se tomaba un lingotazo de JB con dos hielos.
-No piense mal, me decía, me lo recomienda el médico porque es un buen vasodilatador.
Pues bueno. Antes de entrar en el establecimiento me daba el dinero para que yo me hiciera cargo de la cuenta. Este hecho me hacía sentir más macho ibérico. De esta forma cumplimos el primer mes. Pagó religiosamente los quinientos euros convenidos y me dijo que ya llegarían los extraordinarios prometidos. Y llegaron, ya lo creo que llegaron. Una tarde, al ir a recogerla, el portero de la finca me advirtió que subiera a su casa porque se encontraba un poco indispuesta. La casa, como me imaginaba, era un casoplón de tres pares de narices. Doña Engracia, muy repeinada y exageradamente perfumada, lucía una bata de seda color crema. Me invitó a pasar y acomodarme en un espacioso y confortable sillón.
“El servicio, me dijo, se ha tomado el día libre y he pensado que hoy era buena oportunidad para celebrar el primer mes”.
No salía de mi asombro. Llegaron el café, las pastas y , ¡oh sorpresa!, una botellón de champán francés. “Tenemos algo que celebrar”, comentó, y nos dieron las ocho, las nueve y las diez. Le dije que debía marcharme, pero ella me pidió que esperara un poco, que aquello sólo era el principio de una larga amistad. Me temblaban las piernas. A doña Engracia se le había caído el cinturón de su bata y pude ver lo que no me imaginaba. Doña Engracia era don Manuel, un viudo juguetón que le había encontrado gracia al travestismo y del que me libré de ver adero milagro. Por cierto, sigo en el mercado en busca de mejor oportunidad.
Más morosos
abril 19, 2011
Si yo fuera un economista de postín,diría que la depresión de la economía doméstica se resiente por la desconfianza en la solvencia de nuestro país, cuya prima de riesgo se dispara amás de 200 puntos. Pero como soy un periodista que intenta pensar como un ciudadano diría que ignoro por completo qué coños está pasando y, lo que es peor, por dónde y cuándo nos la van a meter doblada.
Si fuera un analista riguroso, diría que el incremento de la Inspección Técnica de los Edificios está deteriorando aún más el presupuesto familiar, pero como soy un vainas digo que éramos pocos y parió la abuela a sus 85 tacos. Vaya edad para tener un “chiguito”.
Un técnico fiable que conozco me dijo hace un par de meses que cuando se acabaran las perras del Plan E y continuara en caída libre el precio de la vivienda, habría que inventarse algo para seguir manteniendo a flote el sector de la construcción, que tantas alegrías ha dado a alguno y tantas hipotecas a otros. Para lograrlo, añadió, tendrán que poner en marcha las Inspecciones Técnicas de la Vivienda, para que el albañil que antes levantaba casas repare ahora las fachadas, y esto que digo vale para todos los oficios relacionados con el sector. Incluyendo, por supuesto, el de arquitecto, un profesional que tendrá que canjear el diseño de edificios pijos y caros por el cambio de canalones. No es lo mismo, pero da de comer y la vida está muy achuchada.
Lo que va a pasar a partir de ahora es que cualquier mañana de estas alguien llamará a su puerta exhibiendo un carné oficial de técnico de la ITV de las casas y le dirá que la fachada está desconchada, los canalones rotos, la escalera sin rampa y la arqueta de la mierda rebosante, dicho lo cual deberá proceder a la reparación de los citados elementos comunes. Y, a soltar pasta, que es de lo que se trata. No niego de la capacidad técnica de estos artistas que van a obligarnos a dejar la casa como un San Luis, pero reconozcamos que la orden llega en mal momento para las economías domésticas. Y si no, que se lo pregunten a los presidentes de esas 100.000 comunidades de vecinos de toda España agobiadas por los impagos, antes, incluso, de que aparezca el sacacuartos de la ITV.
Yo, por si acaso, voy preparando la cartilla por si tenemos que retejar.
De ricos y marqueses
febrero 11, 2011
Cuando hay abundancia uno no se fija en estas pequeñas cosas, pero en los tiempos que vivimos los dedos se nos hacen huéspedes, al tener noticias de los dineros ajenos. Lo de Amancio Ortega y otros (pocos) ricachones gallegos lo tenemos más o menos asumido, sobre todo si detrás de sus caudales se esconde un meritorio y sacrificado esfuerzo. Estos días, sin embargo, me sorprende el desglose de la «nómina» de un gallego menos popular, de Chantada creo, que ha hecho carrera en Madrid. Se llama Francisco González, preside el BBVA, y se «levanta » 4,97 millones de euros anuales, que dicho así parece una cosa de lo más normalita. Y todo esto, después de haberse rebajado el sueldo un 6,37%. Bueno, pues este ejemplar ciudadano, traduciéndolo a pesetas, se lleva a casa 827 millones. Es decir, 69 al mes o, lo que es igual, 2,3 millones diarios. Para ir tirando, que diría un amigo mío.
Estas «vidas ejemplares» suponen un gran alivio para los que tenemos que apretarnos el cinturón, porque la nuestra sí que es una aventura con todas las de ley. No se trata de hacer demagogia. Es una envidia sana la que nos invade a trabajadores, parados y jubilados, que comprendemos muy bien lo aburrido que debe resultar ganar solamente 96.000 pesetas a la hora. Para mí sería un problemón tener que gastarme esa pasta gansa en una sola jornada, porque se acabaría la pasión del día a día.
-¿Y si quedas a cero qué harás cuando te jubiles?, me pregunta un amigo.
Pues muy sencillo, respondo. Estos grandes hombres lo tienen todo previsto. Su pensión privada de jubilación, con cargo a las arcas del banco, es de 80 millones de euros (13.000 millones de las antiguas pesetas). Y llegado a este punto, ya cansado de hacer divisiones, les brindo a los lectores la oportunidad de que continúen con el juego, soñando qué harían ustedes con similares honorarios.
Es bueno, como les decía, aliviar penas. Me alegra la real concesión de un marquesado a Vicente Del Bosque. Es un título nobiliario merecido que comparte con un Nóbel de Literatura, un hombre de negocios potente y un jurista de gran talla. Nuestro seleccionador, ilustrísimo señor, no para de recibir galardones y homenajes tras haber conquistado con un puñado de valientes la Copa del Mundo de Fútbol en Sudáfrica. Pero, ¿qué parte de este título corresponde a los que se dejaron la piel en el campo? A los protagonistas de tan histórica conquista, al menos, deberíamos concederles el título de «marquesitos».
El Marqués Del Bosque (señor de una tierra que estaba en la marca del reino, según el diccionario) ya puede mirar por encima del hombro a los condes, por ser título de menor rango, aunque verá en los duques una superioridad heráldica que ellos no alcanzaron. Pero estas pequeñeces le importan poco al nuevo marqués, al que seguro que continuará tuteándole más de un plumífero. Su Majestad, quizás sin pretenderlo, acaba de introducir nuevas normas de comportamiento en el casualmente llamado deporte rey. ¡Qué bien nos ha venido este Mundial para tapar las penas, porque de política estamos hartitos. Hasta yo mismo sería capaz de escribir los guiones de uno u otro partido. Son aburridos y previsibles, como las declaraciones de los entrenadores de fútbol (disculpe la comparación señor Marqués). Y la que se nos viene encima con las nuevas campañas electorales…Pero con lo bonito que es contar cosas agradables, por qué amargarnos la vida. Para eso ya tenemos a la señora matrona, doña Merkel.
Movilandia
febrero 11, 2011
Cuando me enteré que dentro de nada podremos hablar por el móvil dentro de los aviones, me pareció una putada. Es, sin duda, una pésima noticia que hará cualquier desplazamiento más incómodo y encima en un transporte que crea cierta intranquilidad a mucha gente. Algunos se estarán preguntando qué me importa a mí que fulanito o menganita se pase el viaje de Santiago a Barcelona parloteando por su teléfono, y aunque soy un firme defensor de las libertades individuales, reconozco que los pitiditos, soniditos y soniquetes de estos aparatos pueden acabar con mis nervios.
Comprendo que algunos necesitarán el teléfono para trabajar, pero estoy convencido de que muchas veces utilizamos el móvil para verdaderas chuminadas, tales como llamar o mandar sms a los colegas y a la familia nada más zamparse las uvas de Nochevieja, olvidando que los destinatarios estarían haciendo exactamente lo mismo que nosotros: viendo la tele y mandando mensajes. Por lo demás, tampoco creo que en el caso de que suceda una emergencia en tierra firme puedas hacer algo útil estando a diez kilómetros de altura. Por tanto, la necesidad imperiosa de tener el teléfono operativo mientras te encuentras en un cubículo que vuela y sin posibilidad de bajar de manera rápida me parece bastante absurda.
Cierto es que si en lugar de ir a Barcelona vas a Sidney la cosa se puede convertir en un soberano coñazo, incluso tragándote todo el lote de películas que los aviones llevan para entretener a la tropilla. Pero prefiero ver una y otra vez al rubito de «Solo en casa» antes que soportar conversaciones interminables con el novio que espera en el aeropuerto o los molestísimos ruiditos que advierten de la llegada de mensajes. La diferencia es básica. En el primer caso puedo quitarme los auriculares, cerrar el ojo y entrar en duermevela; pero con los móviles la única opción es arrancárselo de las manos a su dueño adolescente (que serán los que más abusen de esta nueva normativa, no nos engañemos) y tirarlo a tomar por donde amargan los pepinos, incluso reconociendo que no llegará muy lejos porque todavía no dejan abrir las ventanillas de los aviones.
Aunque todo se andará.
Siempre Xacobeo
diciembre 3, 2010
Me muero de ganas de hacer el Camino, de Santiago claro, y si Dios me da fuerzas algún día debería intentarlo. A esta conclusión he llegado tras profundas reflexiones llevadas a cabo desde el año 93. El caso es que lo he ido dejando y, como no me ponga pronto a ello, se me va a pasar el arroz. Este 2010, tan cabroncete para unas cosas, especialmente las económicas, me deja la agradable sorpresa de haber sido testigo de la puesta en escena de un Xacobeo inolvidable. Primero, porque el equipo de Núñez Feijoó (quede claro que no tengo el gusto de conocerle), partiendo de cero y con escaso margen de tiempo, ha sabido organizar una celebración con muchas estrellas. Y segundo, porque se han batido todos los registros establecidos. Tengo muchos amigos que presumen de haberse trabajado las ampollas en sus pies a lo largo de corredoiras y veredas. Presumen de ello y lo cuentan de tal forma que da la impresión de que están ungidos de un óleo especial que les llena de felicidad. Todos quieren volver. Tengo también otros amigos que no han decidido echarse la mochila al hombro, pero no es menos cierto que son muy pocos los que renuncian definitivamente a hacerlo algún día.¿Por qué será?
El Camino, ciertamente, tiene algo mágico, que contagia hasta el punto de que son muchos los peregrinos, procedentes de todos los confines de la tierra, que, independientemente de que sean Santos o no, viajan todos los años a Compostela. Y en este punto me surge la gran duda: ¿por qué no se institucionaliza el Xacobeo anual? No haría mal a nadie, no va contra ningún mandamiento y fortalece la espiritualidad de las gentes y la economía de los muchos pueblos del Camino. He dicho.
Calixto II, Papá para más señas, fue el inventor de esta ruta turísticoreligiosa, allá por el año 1122. Ha llovido mucho. En 1937 se prorrogó el Xacobeo hasta 1938, debido a la división de España entre católicos y no católicos. Igualito que ahora. El caso es que no estaría nada mal, como decía antes, que don Santiago nos echara una manita en esta época de penurias. Además, es mucho más entretenido hacer el Camino que sentirse permanentemente azotado por la crisis, la bancarrota y otras palabrejas que nos ponen los pelos de punta.
Antes, de niños, nos amenazaban con el coco, que era mucho más entrañable que estos bichos modernos que se inventan los brujos de la economía. El coco, si éramos buenos, tomaba las de Villadiego y, que se sepa, jamás se llevó por delante criatura alguna. Ahora es distinto y la gente hace cosas muy raras.
Por cierto, me pregunto, por qué un señor tan necesitado, que además presume de ser de León, aunque nació en Valladolid, no se pone en ruta en busca del milagro que tanto necesita. José Luis, no lo pienses más, forma a tu equipo e inicia una semana de reflexión. Es barato y es probable que el Apóstol haga un esfuerzo y nos ayude a salir del atasco. ¡Pero qué cosas digo!, si ni siquiera ha pisado Compostela. Claro que otro gallo cantaría si Touriño continuara de mandamás en la Xunta.
Bo Nadal
diciembre 3, 2010
Carlos A. Fernández CastroPortavoz do PSOE de Ames
Novamente, a revista Directo Ames bríndame a oportunidade de dirixirme a todos os veciños e veciñas do noso Concello para desexarlles un moi Feliz Nadal. Como sempre as miñas primeiras palabras, nunha época tan entrañable, non poden ser outras que as de expresar o meu afecto e a miña maior felicitación a todos e todas. Pero tamén quero compartir con vós as nosas ideas e os nosos sentimentos, sobre o noso presente e o noso futuro, sobre todo porque estamos a vivir tempos complexos e difíciles que reclaman tesón e fortaleza, tanto por parte dos dirixentes públicos, como por parte do resto das persoas, posto que esa fortaleza require do máis amplo entendemento e solidariedade de todos e todas nós.
Durante este último ano, a grave crise económica que estamos a sufrir, ten levado a que o desemprego sexa a principal causa de preocupación das familias. Afecta a moitas persoas que viven, loxicamente, angustiadas pola súa situación. Voltar a crecer e mellorar as circunstancias económicas e sociais actuais é o reto máis apremiante co que nos atopamos. Debemos garantir, por suposto, a máis alta protección social a quenes máis padecen. Non podemos escatimar esforzos en favor da igualdade de oportunidades, non podemos esquecernos dos máis desfavorecidos nin das persoas en risco de exclusión social. Os seus problemas non son só deles, debemos pensar que son problemas que nos afectan a todos/as e entre todos/as debemos remedialos.
No noso concello, desgraciadamente, convivimos cada día cos problemas que nos plantexan a diario veciños/as do noso entorno, veciños/as como vostede, como eu, que por un xiro inesperado da vida se ven abocados a unha situación de angustia e desesperanza. Agora, todos/as debemos colaborar para atoparlle solucións. Por iso, especialmente nestas datas, quero achegar o meu saúdo máis agarimoso tanto a eles, como a todas aquelas persoas anónimas e desinteresadas que cada día axudan a cambiar a situación destas familias. Sabedes que, dende o goberno municipal, estamos a facer un enorme esforzo por acadar os obxectivos que nos tiñamos marcados, tanto en investimentos básicos como na humanización dos espazos públicos e rúas. O noso traballo e o noso esforzo faise pensando en todas as persoas do concello e, fundamentalmente, adicámolo a mellorar a súa calidade de vida.
OS CONCELLOS SON DAS PERSOAS e a eles van dedicados, con maior ou menor acerto, todos os nosos esforzos.
Desexo que todos e todas pasedes unhas moi felices festas na compañía de familiares, amigos, e que todos xuntos afrontemos o novo ano con ilusión e con esperanza Bo nadal e feliz aninovo!






